Congresso L´esperienza della belleza. Venezia. AITEB

Siempre he dicho que sí hay un tratamiento estrella en medicina estética ese es, sin duda, la aplicación de toxina botulínica, pero también he comentado que cuando un paciente viene por primera vez a la consulta, es un tratamiento al que todavía hoy en día se le tiene especial respeto en parte por estereotipos de personajes públicos que están en la retina de mucho pero también por el inadecuado uso de profesionales no cualificados.

Me vais a permitir solo unas líneas para insistir en la importancia de ponerse en las manos de profesionales expertos y adecuadamente cualificados, que afortunadamente en nuestro país son muchos. Hace solo unos días veía en la consulta una paciente, que por su desconocimiento, se había puesto en manos de un “supuesto profesional” quien no hace más de 4 años le había inyectado materiales permanentes que hoy en día ya no se usan en medicina estética debido a la respuesta que estos pueden provocar a medio plazo en el organismo. La realidad de la paciente ahora, es que necesita de un procedimiento quirúrgico para poder corregir los efectos secundarios provocados por este tratamiento. Médicos y pacientes debemos reflexionar sobre este hecho y abogar por lo que muchos hacemos, una medicina de calidad, sin prisas, sin palabras bonitas, sin falsas expectativas. Esta disciplina, al igual que otras de la medicina, implica un profundo conocimiento, no solo de las técnica a aplicar sino también de la anatomía, para minimizar aún más los efectos adversos sobre el paciente.

Grupo de médicos españoles frente a la Scuola Grade di San Rocco.

Volviendo al hilo inicial de este post, en el que hablaba de las bondades de la toxina botulínica, el pasado fin de semana asistí a unas jornadas en Venecia, sí de nuevo Italia, sobre los avances de la toxina botulínica organizadas por la AITEB. El marco de las mismas era incomparable, la fascinate Scuola Grade di San Rocco y ante tanta majestuosidad era difícil pensar que no fuese a ser un fin de semana productivo.

Cuando hablamos de “botox” parece que lo hacemos solo para mejorar las arrugas de expresión, pero la realidad es bien diferente, pues es un fármaco bien conocido también por oftalmólogos, urólogos y neurólogos entre otros. En dermatología y medicina estética, más allá de su uso para relajar la musculatura y suavizar las arrugas de expresión, ha demostrado ser muy eficaz en el tratamiento de la rosácea, bruximo, sonrisa gingival, sudoración, parálisis facial, asimetrías, cicatrices y un largo etcétera.

Durante todo el fin de semana pudimos ver diferentes protocolos de trabajo para el correcto abordaje de las patologías mencionadas anteriormente así como los resultados tras la aplicación de las mismas, más que interesantes a la par que sorprendentes. Pero si en algo se insistió, fue en el abordaje personalizado de los tratamientos con toxina botulínica (“botox”), actualmente, cuando un paciente desea mejorar y rejuvenecer su aspecto no lo quiere hacer a consta de perder su forma o expresión facial, precisamente por esto, las técnicas de inyección de toxina botulínica están cambiando en aras de respetar la naturalidad de los pacientes, algo con lo que estoy en absoluto acuerdo, no me gustan los rostros que no expresan sus vivencias, rejuvencer sí, pero no de cualquier modo. La importancia del diagnóstico médico, la escucha activa en relación a los deseos del paciente y el análisis pormenorizado de la actividad muscular del paciente es fundamental para la obtención de un buen resultado. Esto no es tan simple como decir “ doctor quiero ponerme botox, ¿ cuánto me cuesta ? “. Nuestra responsabilidad como médicos va mucho más allá y antes de ceder al deseo de un paciente, tenemos que estar seguros de que la opción terapéutica planteada por el paciente realmente es la más adecuada, si existen o no otras alternativas y sobre todo advertir con claridad de cualquier efecto adverso relacionado con la técnica o con el producto a infiltrar.

Sin duda un fin de semana intenso, cargado de reflexiones, en el que también hubo tiempo para compartir buenos momentos con un nutrido grupo de compañeros españoles y como no, italianos. El próximo año más y mejor.

Dr. Sergio Fernández.

 

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