Hoy en día la medicina estética se ha popularizado de tal manera que cada año son más sus usuarios y por tanto, también incrementa el número de profesionales que se dedican a ello.

Afortunadamente la regularización de este tipo de procedimientos médicos ha hecho que por fin enterremos fantasmas del pasado pertenecientes a una época en la que, en cualquier sitio, sin la autorización sanitaria pertinente y por supuesto sin profesionales cualificados, se realizaban todo tipo de procedimientos estéticos.

Cuando buscamos en Google, cómo quitar arrugas, rejuvenecer, botox, rellenos, ácido hialurónico, lifting sin cirugía, etc… nos encontramos, según en la ciudad en la que estemos, muchos centros a los que acudir y esto puede hacer pensar al paciente que cualquier persona está preparada para hacer estos procedimientos y la realidad es bien diferente. La medicina estética es una disciplina muy dinámica que requiere de continuas actualizaciones y revisiones.

A nivel facial y no hace muchos años, en el 2007, se publicó un estudio donde se ponían de manifiesto los compartimentos grasos de la cara y su implicación en la medicina estética (The Fat Compartments of the Face: Anatomy and Clinical Implications for Cosmetic Surgery. Rod J. Rohrich, MD. Joel E. Pessa). Desde fuera, da la impresión que trabajar en el rejuvenecimiento del rostro es tan simple como inyectar en diferentes puntos de la cara, pues no, es algo mucho más complejo, esos puntos tienen que estar perfectamente definidos en función del resultado que queramos obtener y no solo eso, también tendremos que definir la profundidad de los mismos y la cantidad que inyectamos en cada punto. Por eso los resultados pueden ser muy dispares y de ahí esas “caras redondas” a las que todo el mundo teme antes de hacer un tratamiento.
En el citado artículo, se pone de manifiesto como la grasa del tejido subcutáneo está dividida en múltiples compartimentos independientes entre sí, por tanto, el envejecimiento facial se justifica ante el cambio de los mismos con el paso del tiempo, por desplazamiento o atrofia.

Cuando un paciente nos consulta porque desea rejuvenecer su rostro debemos realizar un análisis minucioso de estos compartimentos e inyectar solo aquellos que están más desplazados o atróficos ya que de otro modo probablemente podemos estar poniendo más peso en aquellos que no lo necesitan empeorando el estado inicial del paciente.

Por todo esto, la experiencia sí es un grado y la formación continuada nos ayuda a mejorar los resultados que pueden esperar nuestros pacientes. No todo vale y aquí se cumple el dicho de: “más es más”.

Dr. Sergio Fernández.

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